Cuarteles Silma: El equipo de natación

Los conocemos por sus historias, pero en el mundo exterior no son más que compañeros de trabajo, colaboradores y conocidos dentro de una misma empresa. No hay relaciones familiares, no hay odio contra el enemigo. Ellos crean esos mundos y esas identidades desde los Cuarteles Silma.

Pero ese día no debió ir a trabajar. Lo presentía.

Sólrac observó, con una mirada desconfiada, cómo la pequeña Emy volaba de un lado a otro, riendo sin parar, susurrando al oído de varias de sus compañeras de trabajo. Kyra sonrió de lado y le guiñó un ojo a la pequeña hada, quien voló de inmediato hacia Ella, quien se sonrojó un poco y tras una breve pausa asintió con suavidad.

Siempre que Emy tramaba algo, el infierno se desataba. Y todo resultaba peor cuando las mujeres del grupo se ponían de acuerdo.

—No soy el único asustado, ¿verdad? —susurró una voz joven a su derecha. Dominic acababa de ingresar a la oficina y, con un termo entre sus manos, observaba lo mismo que el híbrido había estado estudiando.

—Yo no estoy asustado, pero esto no me gusta. Llevan cuchicheando desde hace una media hora —habló Nikolai, acercándose a sus dos compañeros y entrecerrando sus ojos cuando Emy pasó volando con rapidez por encima de su cabeza.

La hadita habló algo con Aucarod quien, sentada en su escritorio, soltó una leve carcajada y le susurró algo al oído. La pequeña rubia de inmediato salió volando hasta llegar con Amith, quien se puso de pie y salió corriendo hacia las escaleras que daban al gimnasio.

Algo no andaba bien.

El joven híbrido comenzó a caminar hacia el área del comedor, a donde solo unos segundos atrás Ella se había dirigido con una taza en mano. Nikolai y Dominic no tardaron en seguirle.

—¿Qué pretenden ahora, Ella? —habló Sólrac con la joven mujer, sabiendo que ella era fácil de leer y no acostumbraba mentirles.

La pelinegra se sonrojó un poco al verse descubierta, pero mantuvo su rostro tranquilo mientras se servía una taza de té de manzanilla.

—No sé de qué me hablas… solo estoy haciendo algo de desayunar antes de empezar a trabajar.

—¿Y acostumbras desayunar tu té con sal? —preguntó Nikolai con un leve tono de burla, a la par que se recargaba en la encimera del comedor.

Ella soltó un pequeño gritito frustrado al darse cuenta de su error; de nuevo había confundido el recipiente de azúcar con el de la sal por estar distraída.

—Vamos Ella, ¿nos puedes decir qué está ocurriendo? —pidió Dominic, acercándose y sonriendo de forma tranquila, un truco que había aprendido que funcionaba con ella cuando trabajaban juntos.

Antes de que pudieran obtener información de la joven, Emy ingresó volando al comedor y creció de inmediato, tomando la apariencia de una jovencita. Una jovencita muy enfadada.

—¡No, señor! ¡No he estado planeando todo esto con cuidado para que le saquen la información a nuestras espaldas!

—La que actúa a nuestras espaldas eres tú. ¿Por qué tanto secretismo? ¿Y sólo planeado entre las mujeres de aquí? ¡Aquí hay gato encerrado!

—No es nada malo, se los prometo. Es solo —Emy juntó sus manos e hizo un puchero, cuando sintió la mirada de los tres hombres sobre ella—… digamos que los escuché hablar el otro día.

—¿Nos escuchaste o nos espiabas? —fue la pregunta del joven híbrido, mientras sentía su irritación crecer a cada segundo.

—¡Fue un accidente, lo juro! Había ido al gimnasio a buscar un licuado de chocolate que había dejado olvidado y los vi hablando. Entonces Dominic les propuso la rutina y ¡me pareció fenomenal!

Tres manos volaron a las frentes de sus respectivos dueños.

—Nos escuchaste hablar del grupo de natación —murmuró Dominic por lo bajo. Levantando la vista, observó cómo Sólrac y Nikolai, ya recuperados, le miraban con reproche—. ¡Ustedes fueron los que no quisieron ir a hablar a otro lugar!

—No sabíamos que nos espiarían —respondió Nikolai, dirigiendo su mirada de nuevo a Emy, quien los observaba expectante—. La respuesta es no.

—¡Ay, por favor! ¡Si ya está todo planeado! Después del almuerzo todos iremos al gimnasio para darles ánimo y ver quién es el mejor nadando.

—No recuerdo haber accedido a montar un número de circo para ti —respondió Sólrac.

Emy comenzó a ponerse de color morado. Los tres hombres tragaron saliva.

ʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎʎ

—Esto es humillante.

—Pudo ser peor, pudo habernos hecho aparecer en la calle, sin ropa.

—Pudiste haberte guardado tu increíble idea de hacer natación.

—Me pareció una buena forma de ejercitarnos, no pensé que se convertiría en todo un espectáculo.

Sólrac suspiró y se preparó mentalmente para ignorarlos a todos.

—Solo acabemos con esto. Una carrera nadando de un lado a otro de la alberca y se acabó. Sin reclamos, sin bailes de victoria, sin hacer caso a nadie, ¿entendido? —indicó Nikolai, obteniendo un asentimiento de sus dos compañeros.

Salieron de los vestidores, ya con sus trajes de baño puestos, y se sorprendieron al ver no solo a sus compañeras de piso en el lugar, sino a toda la empresa. Las tres directoras incluidas.

Una de ellas les lanzaba vítores y hacía sonar unas matracas… Sólrac no quiso indagar de dónde las había sacado. Las porras de ella y sus compañeras parecieron inflar el ego de Nikolai quien, pese a que acababa de dar unas órdenes directas, se encontró saludándolas con la mano y obteniendo más gritos y exclamaciones de las mujeres.

La segunda aplaudía y les daba ánimo de una forma un poco más calmada, parecía tener verdadero interés en ver quién saldría vencedor en esta pequeña competencia. Dominic le sonrió directamente y saludó de vuelta cuando ella le lanzó vítores.

La tercera tenía su rostro oculto entre sus manos y los codos sobre sus rodillas. Parecía estar avergonzada, pero los hombres podían ver que sus hombros no dejaban de subir y bajar a un ritmo acelerado. La traidora estaba riéndose, Sólrac no encontró en ese momento la fuerza ni el interés para vengarse de inmediato, pero estaba muy equivocada si creía que volvería a trabajar sin oponer resistencia.

Los hombres restantes de la empresa les chiflaban de forma burlona, otros lucían indiferentes ante tal espectáculo –pero se habían visto obligados a asistir– y otros más formaban parte de los vítores y porras.

—Terminemos con esto, ¿quieren? —suspiró Sólrac, a la par que se acercaba a la orilla de la alberca y hacía unos cuantos estiramientos.

No tardaron en imitarlo Nikolai y Dominic. La pequeña Isabel se acercó corriendo con un silbato en mano, en su hombro descansaba Emy.

—¿Listos? —preguntó la niña con emoción. Al no obtener ninguna negativa, comenzó a dar las indicaciones—. Prepárense… listos… ¡salgan!

El sonido del silbato se vio ahogado bajo el estruendo de los gritos de todos los presentes. Los tres nadadores se lanzaron en picada y comenzaron a nadar con todas sus fuerzas. La verdad es que el ejercicio era revitalizante, pese a las circunstancias con las que habían llegado a esto.

Muy pronto, demasiado pronto para el gusto de varios de los espectadores, la carrera terminó, con Sólrac reclamando la victoria.

Dominic se dejó caer sobre el azulejo de la alberca, jadeando con fuerza. Haber intentado nadar a la par que sus dos compañeros lo había dejado agotado. Nikolai estaba de pie, sujetando sus rodillas y reclinando su torso al frente, respirando con algo de cansancio, mientras observaba con disgusto al joven híbrido, quien parecía extrañado de verlos con tal grado de fatiga.

Todos celebraron la victoria y Sólrac se permitió levantar una mano con suavidad, agradeciendo a los asistentes. Fue toda la respuesta que obtuvieron de él, pues entre gritos y exclamaciones, el joven híbrido se marchó de nuevo a los vestidores.

Dominic no tardó en ponerse de pie y seguirlo a paso tranquilo, despidiéndose de sus compañeros de oficina. Nikolai se dio el gusto de celebrar su segundo lugar, recibiendo las medallas de chocolate con envoltura dorada que Emy había preparado.

—¡Se marcharon y no me permitieron darles sus premios de forma adecuada! —exclamó la pequeña hada, en medio de un berrinche.

—Les daré las suyas, no te preocupes —la reconfortó el joven pelinegro, tomando las medallas y despidiéndose de nueva cuenta de todos, agradeciendo la atención y guiñándole el ojo a varias de sus compañeras.

Dentro de los vestidores, Sólrac ya se encontraba a medio vestir cuando Nikolai lo enfrentó.

—No es justo —reclamó el cazador—. Abusaste de tu fuerza élfica.

—¿Cuál fuerza élfica? Así nado siempre.

—Mentiras —fue el murmullo que llegó de parte de Dominic mientras amarraba las agujetas de sus zapatos. Luego de un segundo comenzó a reír de forma relajada—. No me molestaría hacer esto de nuevo.

—Ni se te ocurra —fue la respuesta del híbrido.

Nikolai rio entre dientes y le entregó su medalla a su compañero más joven. Sólrac observó esto y enarcó una ceja cuando el pelinegro le dio la espalda.

—No mereces esta medalla —reclamó Nikolai, agitando levemente el chocolate por encima de su hombro izquierdo. Lo desenvolvió y se lo comió de un bocado.

El mitad elfo resopló por la nariz y terminó de colocarse su camisa.

—No soy fan del chocolate. Por cierto —susurró lo último, captando la atención de sus compañeros—, la próxima vez que Emy tenga el día libre, véanme en mi escritorio. Tenemos que cobrar venganza por este espectáculo.

—¡Cuenten conmigo! —se escuchó una voz exclamar detrás de la puerta que daba a las oficinas.

One thought on “Cuarteles Silma: El equipo de natación”

Leave a Reply