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La novatada

Emy revoloteaba de un lado a otro, nerviosa. Los días se le habían ido volando, y cada uno la había llenado de actividades. Primero, el baile de invierno de lady Yavanna; luego, que Andrea cayera enferma, ni qué decir que, con la llegada de las posadas, ella muy diligentemente había tenido que probar los postres de sus amigos para dar su visto bueno.

Pero ahora llegaba Nochebuena y no tenía nada planeado para lo que llevaba todo el mes con ganas de hacer: la novatada de Darin. Después de todo, él era uno de los más nuevos integrantes de Silma, y no se podía entrar sin una pequeña broma de bienvenida por parte de una de las más antiguas, o más bien, de las primeras, integrantes. También le quedaban otras personas, como Cuzán, de las más jóvenes del grupo, o los sirvientes Gritsem y Jenai. Pero Gritsem apenas si se dejaba ver, no quería sacar el lado malo de la única cocinera del grupo y Lani desde el inicio le había dirigido una amenaza velada si pensaba hacerle algo a Cuzán. No es que eso la detuviera mucho tiempo, pero al menos no le haría nada en Navidad.

Así que solo le quedaba Darin. Y no tenía ni idea de qué hacerle.

Un delicioso aroma le llegó de la cocina comunitaria.

-¡Lo tengo!

Voló rauda y veloz, guiándose por su sentido del olfato: Ella estaba preparando pastelillos. Acababa de meter la primera tanda al horno, y ya tenía preparados betunes de distintos colores navideños.

-¡Ella…!

-No -respondió la mujer sin mirarla.

-¡Pero si no he dicho nada!

-No puedes comer antes que los demás para probarlos y no puedes usarlos para gastar una broma. Mis pasteles no son para eso. Puedes comer la masa de la licuadora, si gustas.

-¡Pero sería la broma perfecta! Solo tienes que poner sal en vez de azúcar. O poner pasta de dientes en el betún. O…

-Voy a empezar a lavar la licuadora mientras se hornea la primera tanda…

-¡Malvada!

-La licuadora o desperdiciar un buen postre. Tú eliges. -Ella sonreía.

Emy hizo un mohín.

-No es justo. ¿No piensas ayudar a una amiga?

-Mmm… Señor, ¿qué opina?

A Emy se le paró el corazón antes de voltear: el Señor estaba sentado en una silla, y tenía fruncido el ceño. ¡Y justo cuando ella ya le estaba agradando!

-¿Me puedes poner lo de la licuadora en una taza?

 

 

 

Ahora con un tamaño humano para comer más cómodamente de la masa, se dirigió a la sala común en busca de ideas.

Ahí se encontró con Óliver, Katherine y Cuzán. Al parecer, estaban haciendo cartas navideñas, y Óliver estaba muy emocionado manipulando la brillantina.

-¡Eso!

Sonriendo de una forma traviesa, conspirativa, el hada se sentó con ellos.

-¿Hacen cartas? -preguntó como si la respuesta no fuera obvia.

-Sí, pero no sé si acabemos pronto. -Kath estaba quitándose pegamento recubierto con brillos verdes y rojos de los dedos con una servilleta-. Queremos hacer para todos y empezamos muy tarde.

-Qué casualidad… ¿Creen que podrían prestarme un poco de…?

-No -dijo Óliver sin dejarla terminar y apartando nada disimuladamente las bolsitas que tenían.

-¡Eso es cruel! Yo también quiero hacer una carta.

-No, quieres hacerle una broma pesada a Darin -dijo Cuzán con una expresión tímida.

-¡No sería pesada! Solo le entregaría una carta llena de brillo. Cuando la extienda para leerla, se le caerá todo al pantalón. ¡No es nada que no se quite con un par de sacudidas!

-Y un par de lavadas. Y cinta adhesiva -terminó Katherine mientras seguía limpiándose los dedos-. Lo siento, Emy. Aunque tu idea no es mala, ya se nos está acabando la brillantina, y si no la usamos en todas las cartas, va a parecer que al final no pusimos todo nuestro esfuerzo en las últimas.

Emy bajó la cabeza, derrotada.

-Está bien…

Sus pies la llevaron hasta el cuarto de Andrea.

-¡Emy! -La chica se apresuró a cubrir algo detrás de ella-. ¡Tienes que tocar antes de entrar! ¡Estoy envolviendo los regalos!

-¿Envolviendo…? -Al hada se le iluminó la mirada-. ¡Andrea! ¡Ya sé qué puedo hacer!

-¿De qué hablas?

-¡Puedo envolver las cosas de Darin con papel para regalo! Debe tener alguna botella en el refrigerador, ¿no? O ropa en el casillero…

-No suena mal… Pero estoy usando mi último rollo.

-¡No hay problema! Yo tengo uno guardado en…

-Bueno… -A Andrea se le escapó una risa nerviosa-. Ese es el que estoy usando.

-¡¿Qué?!

Emy se llevó el resto de la tarde regañando a Andrea, y para cuando terminó ya no tenía ni las fuerzas ni las ganas de hacer nada.

Al día siguiente, el ángel Alejandro la encontró sentada en el salón. El lugar ya había sido decorado para la fiesta navideña, pero el rostro cansado de Emy desentonaba con la alegría del lugar.

-¿Estás bien, Emy?

-Sí, sí… Quería… -Lo pensó un momento. No pensaba ser regañada por otra persona-. Quería hacer algo especial hoy, pero no pude.

-¿Lo intentaste?

-Sí…

-Entonces, hiciste bien. Eso es lo que importa en estas fechas.

El ángel le sonrió, y eso hizo sonreír al hada.

Bueno, debía admitir que había recurrido a un último y desesperado truco: había colocado una corneta de aire comprimido en la pared donde se empotraba la puerta de la entrada al salón. Nadie la abría del todo, pero esperaba que Darin, que no estaba habituado al peso de la puerta, la empujara lo suficiente para presionar la corneta y hacer que sonara y lo asustara. Si alguien más caía o si nadie lo hacía… recordando las palabras de Alejandro, al menos lo había intentado.

-Iré a prepararme para la fiesta.

Ya más animada, fue a su alcoba, sacó un vestido digno de la ocasión y comenzó a maquillarse con la pintura que Dominic le había regalado hacía mucho.

Mientras terminaba de arreglarse, escuchó desde el pasillo el sonido de música navideña: la fiesta ya había empezado.

-¡Emy!

Andrea entró sin avisar.

-Me quedó un poco de papel de envolver y…

-Oh, ya resolví eso, pero…

-… ¡cubrí el candado de Darin, el de su casillero! También iba a envolver la puertecilla, pero había una carta a medio meter. Se veía algo llena…

-¿Una carta? -Emy tuvo un mal presentimiento-. El resto tenía cartas también, ¿verdad?

-No, solo la de Darin, ¿por qué?

Emy volvió a su forma de hada y echó a volar por el pasillo.

-¡Emy, espera!

¡No, no podía esperar! Necesitaba confirmar sus sospechas con Katherine. Los casilleros quedaban lejos, pero podría interceptarla antes de que entrara al salón y preguntar si había pasado lo que creía.

Entró a la habitación de Kath, luego en la de Óliver, pero no estaban. Se apresuró a arrivar al salón, esperando no llegar muy tarde.

Halló a Cuzán justo cuando estaba por entrar con Lani.

-¡Cuzán! -Se interpuso entre las chicas justo a tiempo-. ¿Puedo hablar contigo?

-¿De qué cosa? -preguntó Lani tras ella.

-No es de una broma, es de un asunto entre hadas… hadas y niñas… ¡No es por una broma!

La joven frunció el ceño, pero Cuzán la tranquilizó con un gesto y se apartó un poco para hablar a solas con el hada.

-¿Qué sucede?

-Ya mandaron todas sus cartas, ¿verdad? ¿Las pusieron en los casilleros?

-No, ¿por…? ¡Ah! -Cuzán se sonrojó-. Kath y Óliver se sintieron un poco mal por negarte una broma tan inocente, así que sacrificaron un poco de la brillantina y la pusieron en un sobre, tal como dijiste. Se imaginaron que no terminarías haciendo algo, así que decidieron hacerte el favor como un regalo adelantado de Navidad… Supongo que la brillantina que pusieron era la de tu carta.

Emy se mordió los labios, nerviosa. Quería hacerle una broma a Darin, pero no dos.

-Bueno… fueron dos pequeñas…

-¿Dos?

-¡Hola, Emy!

Al hada el corazón le dio un vuelco antes de volverse: Ella estaba llegando con Edmund, ambos elegantemente vestidos.

Y Ella no llevaba nada en las manos.

-¿Y tus pastelillos?

-En la mesa, con los demás. Y antes de que me hagas alguna cara…

-¿Pusiste pasta de dientes en vez de betún?

-No.

-¡Ah!, qué alivio…

-Puse sal en vez de azúcar. Me parecía más convincente.

-¡¿Qué?!

-Pero solo lo hice con uno. No quería arruinar más comida, pero el Señor fue persuasivo, así que decidí hacerte el favor…

-¡Rayos! -Emy ya empezaba a sentir un sudor frío en la espalda-. ¿Cuál es? ¿Lo marcaste con algo? Debo encontrarlo antes que Darin…

-Oh… ¿No lo viste?

-¿Qué cosa?

-Bueno… -Titubeó.

-¡¿Qué?!

-Darin ya se lo comió -dijo Edmund-. Dijo que se adelantaba al postre para quitarse un mal sabor de boca, y… -Se le escapó una sonrisa-. Tenía brillantina roja y verde en toda la ropa. ¿Lo hiciste tú?

-¡No sonrías así! ¡No es bonito!

Se giró para ver la puerta de entrada al salón. ¿Seguiría ahí? Ya no quería verlo, se sentía muy mal.

-Emy.

La voz se oía muy seria tras ella. No la había oído muchas veces, pero Emy ya sabía diferenciarla, y sabía que era Darin. Tragó saliva antes de volverse.

-Ho-hola… Darin, perdón, de verdad, yo no quería…

Se detuvo. Había algo que no quedaba bien. El joven la miraba de brazos cruzados, pero su expresión severa estaba rompiéndose y transformándose en una sonrisa burlona.

-¿Qué…? Un momento… -Lo miró de arriba abajo-. ¡No tienes diamantina!

-No.

-¡Y estoy segura que no te comiste un pastel salado!

-Ni tuve que desenvolver mi candado.

-¡Pero…! ¿Cómo…? ¡¿Tú lo sabías todo?!

El joven se echó a reír, y Emy ya no sabía si enojarse por haber sido engañada o si sentirse aliviada porque nada le había pasado.

-Sí, algo sé de novatadas, y más cómo combatirlas. -Darin se inclinó hacia ella-. Mira, sé que caíste solo porque nunca te habían hecho algo así. Tú eres mejor que yo para las bromas y yo no tengo el poder necesario para soportar o esquivar una posible venganza.

-Es peligroso confesarme eso.

-Lo sé… Por eso te propongo una alianza.

-¿Una alianza?

-Sí. No suelo gastar tantas bromas como tú, pero sé un par de cosas. Podría ayudarte a cambio de una orientación en este edificio y su funcionamiento. Como novato que soy, necesitaré mucha ayuda.

El hada tardó un poco, pero acabó por sonreír. Tal vez Darin la estaba engatusando, pero la idea de una posible alianza le agradaba, y su adulación servía.

-Lo pensaré -respondió aun así, antes de entrar muy digna al salón.

Nadie dijo nada sobre la broma de Darin, así que supuso que su posible aliado no la había divulgado por todo el cuartel Silma. Eso había sido inteligente. Tal vez se lo diría cuando entrara…

-¡La corne…!

A eso le siguió un ruido ensordecedor, el grito sorprendido de Darin, que chocó contra el ponche, tirándoselo encima y haciendo que se resbalara sobre la mesa de postres. Terminó cubierto de betún, ensalada de manzana, ponche y de un gravy que alguien había colocado ahí por error.

Todos se quedaron en un silencio mortal… hasta que el chico se puso en pie e hizo una reverencia.

-¿Qué les pareció mi entrada triunfal?

Todos rieron la frase de su nuevo amigo.

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Fiestas

Emy estaba sentada en la mesa del comedor, rodeada de papeles y cubiertas de chocolate metálicas. A su espalda había cinco bolsas de Kisses vacias. El hada estaba trabajando en abrir la sexta bolsa, contemplando su lista de quehaceres:

  • Ella – comida
  • Aucarod – Nieve
  • Lani – Decoraciones
  • Andrea – Regalos
  • Nikolai – Invitaciones
  • Solrac – Transporte

Estaba por agregar a la lista un punto del intercambio del amigo secreto, mientras daba una mordida al décimo Kiss de la bolsa. Ella, Andrea y Lani seguramente cooperarían con facilidad, pero los chicos seguían molestos por lo de la natación. Todos en el cuartel sabian eso. “Ni aguantan nada” pensó el hada. Tal vez era hora de sacar las armas pesadas, es decir, esos poderes mágicos.

-¡Estos chocolates se van rapidísimo! -dijo Emy al revisar la bolsa y notar que solo quedaban dos chocolates más.- Tendré que hablar de esto con Ella, no es posible que haya tan pocos chocolates disponibles en este lugar.

 

********

-Pero, Ella… – se quejó Emy.
-Nada de peros. ¡Te comiste seis bolsas de chocolate! No estas pensando claramente.
-Fueron seis kilos, pero, ¿quién está contando?
-No más chocolate.
-Por hoy -dijo el hada en voz baja-. ¿Sobre lo otro que te pedí?
-Con una condición -Dijo enérgicamente la chica.
-¿Cuál?
-Tienes que invitar al Señor.
-Ella…
-Tú, personalmente.
-Hecho.

********

-No.
-Porfavor.
-No. Tú puedes hacerlo.
-Auki, ¡¡Porfiiiiiiiiis!!
-No, Emy, no.
-¡Aucarod!, tus poderes mágicos serán usados para hacer nieve y punto.
-¡Que no!
-¿Por qué no quieres ayudar?
-La última vez que lo intenté congelé un árbol.
-Pero ahora eres mejor -el hada intento animar a la chica-. ¿Y si consigo que Diómedes oculte cualquier desastre?
-¡Ya ves cómo no confías en mí? -gritó Aucarod.
-¡Pues entonces que lo haga todo Diómedes!
-¡Pues sí!
-No sé a que vine. ¡Diómedes es mejor con la magia!
-¡No lo es! ¡Mi nieve sería real!
-¡Pero la de Diómedes es mejor! Me iré con él. -El hada plantó su pequeño pie en el suelo.
-¡No, yo lo haré! -gritó Aucarod con convicción.
-¡No!
-¡Sí!
-Ok, eres un amor. Nos vemos en la fiesta.

********

-… solo tendrías que aparecer las decoraciones y el pino.
-¿Seis kilos de chocolate?
-No, solo los adornos -aclaró el hada.
-No puedo creer que hayas comido seis kilos de chocolate.
-¿Por qué todos se fijan en eso? -preguntó Emy molesta-. ¿Puedes o no puedes?
-Puedo. ¿También quieres que haga los regalos?
-No, esa tarea es para alguien más.
-¿Invitaciones?
-Nikolai.
Lani soltó una risa.
-Suerte con eso, Emy. Nikolai está muy molesto contigo.
El hada sonrió un poco. Lani meneó la cabeza, pues entendió rápidamente lo que traía el hada entre manos.
-Por eso es que todos aquí temen tus locas ideas.
-Por favor, ninguna loca idea es fácil de llevar a cabo.
-Lo sé.
-Diseñame algo salido de los mismísimos cuentos del señor Dickens -El hada guiñó un ojo a la gitana.

********

-Andrea, regalos.
-¿Para todos?
-¿Algún problema? -gruñó el hada.
-No. Kyra no esta aquí.
El hada hizo un sonido extraño de decepción y se tiró sobre un cojín en el sillón.
-¿Seis kilos de chocolate? Gracias por invitar.
Emy lanzó una mirada molesta a Andrea.
-Ya no hay, por si pensabas aprovechar -comentó Emy-. ¿A dónde fue Kyra?
-Están trabajando en la siguiente entrega de su historia.
-¡Ay, no!
-¿De verdad crees que te va a ayudar?
-¿Por qué no? Estaba fascinada en la competencia.
-Pero su Nikolai está enojado contigo, por ende, ella está enojada contigo.
-Lo dudo. Pero no va a ser fácil que me ayude. Aparte tengo que ir a pedirle personalmente al Señor que vaya a la fiesta con todos nosotros.
-¿Esa fue la condición de Ella? Suerte con eso.
-¿Tú te puedes encargar de que Sólrac nos ayude a traer gente en su dragón y que Nikolai invite a todos?
-¿Pretendes que Nikolai y Sólrac trabajen juntos después de que Sólrac ganó la carrera?
-¿Sí?
-Por eso eres mi persona favorita. Yo puedo hacer eso.

********

Emy no tenía la menor idea de cómo hacer que el Señor asistiera a la reunion navideña con todos los demás. La verdad era la única persona a la que nunca le pedía nada ni le hacia bromas. La verdad es que la intimidaba un poco. Pero sin él no había Ella, sin Ella no había comida y sin comida no había fiesta. Aparte, ya le estaba dando hambre. Tomando fuerza de sus seis kilos de chocolate, caminó hasta donde estaba la habitación del Señor. Creció su tamaño para no parecer tan insignificante ante él, pero se dejó sus alas y su traje de hada. Ella también sabía usar la magia, y lo haría si era necesario. Tocó la puerta y esperó.
-¿Sí? -respondió la sonora voz del demonio.
-¿Señor?
-Ah, eres el hada que anda organizando la fiesta -respondió-. Creo que no puedo ayudarte en nada.
-No… no es nada de ayuda… Bueno, un poco… verá… -Emy estaba muy nerviosa y no atinaba a terminar bien sus pensamientos.
El señor abrió más la puerta y la invitó a pasar. El espacio era agradable y de buen gusto, lejos de la cueva en la que pensaba que vivía; sin embargo, se sentía que una persona de carácter fuerte habitaba en él.
-¿Entonces? -El señor midió con su mirada las intenciones del hada.
-Ella me pidió que lo invitara. Si no, no llevaba la comida -escupió Emy las palabras.
-Ya veo. ¿Y los demás?
-No importan -tragó saliva el hada. La verdad es que todos le temían un poco, excepto Ella e Isabel.
-¿Y tú?
Emy tenía un poco de miedo de responder. La verdad es que sí le temía. Por eso nunca era parte de sus planes. Y el hada entendía claramente las intenciones de Ella al pedirle esto.
-Está bien si vienes, pero no estás obligado.
-No es lo que he escuchado sobre ti. Soy fan de tu trabajo. Mira que obligar a esos tres a nadar enfrente de todo el mundo… malévolo en verdad.
Emy se sonrojó un poco.
-Bueno, a veces se me pasa un poco la mano…
-No, eso fue maravilloso. ¿Té?
-No, gracias. Solo me gustaría saber si irás o no. Y, ya sabes, avisarle a Ella.
-Dile a Ella que lleve la comida.

********

Andrea cumplió con su trabajo. Nikolai y Sólrac trajeron a todos a la fiesta. Lani apareció un pino de navidad gigantesco adornado con luces, moños y esferas de colores rojos, verdes y dorados. Todas las mesas tenían un arreglo de velas y ramas de pino, manteles rojos y platos blancos que serían adornados con la comida de Ella.
Los regalos estaban todos marcados con el nombre de cada quién, nadie se quedó fuera. Andrea también llevó bolsitas con regalos y dulces para cada uno de los participantes y algunos regalos chuscos para una dinámica.
Al finalizar la cena, Aucarod hizo caer nieve. Primero afuera del salón y luego adentro. Se iniciaron algunas peleas con bolas de nieve y al finalizar se abrieron los regalos. Todos pasaron un excelente rato.
Al final, Emy se quedó en el salón, recargada en uno de los centros de mesa, leyendo algunas de las notas de agradecimiento de los asistentes mientras comía lo último del pastel que había preparado Ella.
-Esto estaba en un rincón para ti, Emy -dijo Andrea-. Nos vemos en la casa cuando termines -se despidió la estrella.
Emy leyó la nota:

Gracias por la fiesta. Sigo siendo fan del modo en que manipulas a todos y consigues lo que quieres. Debemos hablar pronto e intercambiar notas. Ella me comentó lo del chocolate. Disfruta.

La nota del Señor venía acompañada de una caja con seis bolsas de Kisses. El hada sonrió.

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Cuarteles Silma: El equipo de natación

Los conocemos por sus historias, pero en el mundo exterior no son más que compañeros de trabajo, colaboradores y conocidos dentro de una misma empresa. No hay relaciones familiares, no hay odio contra el enemigo. Ellos crean esos mundos y esas identidades desde los Cuarteles Silma.

Pero ese día no debió ir a trabajar. Lo presentía.

Sólrac observó, con una mirada desconfiada, cómo la pequeña Emy volaba de un lado a otro, riendo sin parar, susurrando al oído de varias de sus compañeras de trabajo. Kyra sonrió de lado y le guiñó un ojo a la pequeña hada, quien voló de inmediato hacia Ella, quien se sonrojó un poco y tras una breve pausa asintió con suavidad.

Siempre que Emy tramaba algo, el infierno se desataba. Y todo resultaba peor cuando las mujeres del grupo se ponían de acuerdo.

—No soy el único asustado, ¿verdad? —susurró una voz joven a su derecha. Dominic acababa de ingresar a la oficina y, con un termo entre sus manos, observaba lo mismo que el híbrido había estado estudiando.

—Yo no estoy asustado, pero esto no me gusta. Llevan cuchicheando desde hace una media hora —habló Nikolai, acercándose a sus dos compañeros y entrecerrando sus ojos cuando Emy pasó volando con rapidez por encima de su cabeza.

La hadita habló algo con Aucarod quien, sentada en su escritorio, soltó una leve carcajada y le susurró algo al oído. La pequeña rubia de inmediato salió volando hasta llegar con Amith, quien se puso de pie y salió corriendo hacia las escaleras que daban al gimnasio.

Algo no andaba bien.

El joven híbrido comenzó a caminar hacia el área del comedor, a donde solo unos segundos atrás Ella se había dirigido con una taza en mano. Nikolai y Dominic no tardaron en seguirle.

—¿Qué pretenden ahora, Ella? —habló Sólrac con la joven mujer, sabiendo que ella era fácil de leer y no acostumbraba mentirles.

La pelinegra se sonrojó un poco al verse descubierta, pero mantuvo su rostro tranquilo mientras se servía una taza de té de manzanilla.

—No sé de qué me hablas… solo estoy haciendo algo de desayunar antes de empezar a trabajar.

—¿Y acostumbras desayunar tu té con sal? —preguntó Nikolai con un leve tono de burla, a la par que se recargaba en la encimera del comedor.

Ella soltó un pequeño gritito frustrado al darse cuenta de su error; de nuevo había confundido el recipiente de azúcar con el de la sal por estar distraída.

—Vamos Ella, ¿nos puedes decir qué está ocurriendo? —pidió Dominic, acercándose y sonriendo de forma tranquila, un truco que había aprendido que funcionaba con ella cuando trabajaban juntos.

Antes de que pudieran obtener información de la joven, Emy ingresó volando al comedor y creció de inmediato, tomando la apariencia de una jovencita. Una jovencita muy enfadada.

—¡No, señor! ¡No he estado planeando todo esto con cuidado para que le saquen la información a nuestras espaldas!

—La que actúa a nuestras espaldas eres tú. ¿Por qué tanto secretismo? ¿Y sólo planeado entre las mujeres de aquí? ¡Aquí hay gato encerrado!

—No es nada malo, se los prometo. Es solo —Emy juntó sus manos e hizo un puchero, cuando sintió la mirada de los tres hombres sobre ella—… digamos que los escuché hablar el otro día.

—¿Nos escuchaste o nos espiabas? —fue la pregunta del joven híbrido, mientras sentía su irritación crecer a cada segundo.

—¡Fue un accidente, lo juro! Había ido al gimnasio a buscar un licuado de chocolate que había dejado olvidado y los vi hablando. Entonces Dominic les propuso la rutina y ¡me pareció fenomenal!

Tres manos volaron a las frentes de sus respectivos dueños.

—Nos escuchaste hablar del grupo de natación —murmuró Dominic por lo bajo. Levantando la vista, observó cómo Sólrac y Nikolai, ya recuperados, le miraban con reproche—. ¡Ustedes fueron los que no quisieron ir a hablar a otro lugar!

—No sabíamos que nos espiarían —respondió Nikolai, dirigiendo su mirada de nuevo a Emy, quien los observaba expectante—. La respuesta es no.

—¡Ay, por favor! ¡Si ya está todo planeado! Después del almuerzo todos iremos al gimnasio para darles ánimo y ver quién es el mejor nadando.

—No recuerdo haber accedido a montar un número de circo para ti —respondió Sólrac.

Emy comenzó a ponerse de color morado. Los tres hombres tragaron saliva.

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—Esto es humillante.

—Pudo ser peor, pudo habernos hecho aparecer en la calle, sin ropa.

—Pudiste haberte guardado tu increíble idea de hacer natación.

—Me pareció una buena forma de ejercitarnos, no pensé que se convertiría en todo un espectáculo.

Sólrac suspiró y se preparó mentalmente para ignorarlos a todos.

—Solo acabemos con esto. Una carrera nadando de un lado a otro de la alberca y se acabó. Sin reclamos, sin bailes de victoria, sin hacer caso a nadie, ¿entendido? —indicó Nikolai, obteniendo un asentimiento de sus dos compañeros.

Salieron de los vestidores, ya con sus trajes de baño puestos, y se sorprendieron al ver no solo a sus compañeras de piso en el lugar, sino a toda la empresa. Las tres directoras incluidas.

Una de ellas les lanzaba vítores y hacía sonar unas matracas… Sólrac no quiso indagar de dónde las había sacado. Las porras de ella y sus compañeras parecieron inflar el ego de Nikolai quien, pese a que acababa de dar unas órdenes directas, se encontró saludándolas con la mano y obteniendo más gritos y exclamaciones de las mujeres.

La segunda aplaudía y les daba ánimo de una forma un poco más calmada, parecía tener verdadero interés en ver quién saldría vencedor en esta pequeña competencia. Dominic le sonrió directamente y saludó de vuelta cuando ella le lanzó vítores.

La tercera tenía su rostro oculto entre sus manos y los codos sobre sus rodillas. Parecía estar avergonzada, pero los hombres podían ver que sus hombros no dejaban de subir y bajar a un ritmo acelerado. La traidora estaba riéndose, Sólrac no encontró en ese momento la fuerza ni el interés para vengarse de inmediato, pero estaba muy equivocada si creía que volvería a trabajar sin oponer resistencia.

Los hombres restantes de la empresa les chiflaban de forma burlona, otros lucían indiferentes ante tal espectáculo –pero se habían visto obligados a asistir– y otros más formaban parte de los vítores y porras.

—Terminemos con esto, ¿quieren? —suspiró Sólrac, a la par que se acercaba a la orilla de la alberca y hacía unos cuantos estiramientos.

No tardaron en imitarlo Nikolai y Dominic. La pequeña Isabel se acercó corriendo con un silbato en mano, en su hombro descansaba Emy.

—¿Listos? —preguntó la niña con emoción. Al no obtener ninguna negativa, comenzó a dar las indicaciones—. Prepárense… listos… ¡salgan!

El sonido del silbato se vio ahogado bajo el estruendo de los gritos de todos los presentes. Los tres nadadores se lanzaron en picada y comenzaron a nadar con todas sus fuerzas. La verdad es que el ejercicio era revitalizante, pese a las circunstancias con las que habían llegado a esto.

Muy pronto, demasiado pronto para el gusto de varios de los espectadores, la carrera terminó, con Sólrac reclamando la victoria.

Dominic se dejó caer sobre el azulejo de la alberca, jadeando con fuerza. Haber intentado nadar a la par que sus dos compañeros lo había dejado agotado. Nikolai estaba de pie, sujetando sus rodillas y reclinando su torso al frente, respirando con algo de cansancio, mientras observaba con disgusto al joven híbrido, quien parecía extrañado de verlos con tal grado de fatiga.

Todos celebraron la victoria y Sólrac se permitió levantar una mano con suavidad, agradeciendo a los asistentes. Fue toda la respuesta que obtuvieron de él, pues entre gritos y exclamaciones, el joven híbrido se marchó de nuevo a los vestidores.

Dominic no tardó en ponerse de pie y seguirlo a paso tranquilo, despidiéndose de sus compañeros de oficina. Nikolai se dio el gusto de celebrar su segundo lugar, recibiendo las medallas de chocolate con envoltura dorada que Emy había preparado.

—¡Se marcharon y no me permitieron darles sus premios de forma adecuada! —exclamó la pequeña hada, en medio de un berrinche.

—Les daré las suyas, no te preocupes —la reconfortó el joven pelinegro, tomando las medallas y despidiéndose de nueva cuenta de todos, agradeciendo la atención y guiñándole el ojo a varias de sus compañeras.

Dentro de los vestidores, Sólrac ya se encontraba a medio vestir cuando Nikolai lo enfrentó.

—No es justo —reclamó el cazador—. Abusaste de tu fuerza élfica.

—¿Cuál fuerza élfica? Así nado siempre.

—Mentiras —fue el murmullo que llegó de parte de Dominic mientras amarraba las agujetas de sus zapatos. Luego de un segundo comenzó a reír de forma relajada—. No me molestaría hacer esto de nuevo.

—Ni se te ocurra —fue la respuesta del híbrido.

Nikolai rio entre dientes y le entregó su medalla a su compañero más joven. Sólrac observó esto y enarcó una ceja cuando el pelinegro le dio la espalda.

—No mereces esta medalla —reclamó Nikolai, agitando levemente el chocolate por encima de su hombro izquierdo. Lo desenvolvió y se lo comió de un bocado.

El mitad elfo resopló por la nariz y terminó de colocarse su camisa.

—No soy fan del chocolate. Por cierto —susurró lo último, captando la atención de sus compañeros—, la próxima vez que Emy tenga el día libre, véanme en mi escritorio. Tenemos que cobrar venganza por este espectáculo.

—¡Cuenten conmigo! —se escuchó una voz exclamar detrás de la puerta que daba a las oficinas.

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Las villanas cliché. ‘Villanas-sue’

Las villanas idealizadas, mejor conocidas con el término ‘Villain Sue’ (un derivado de ‘Mary Sue’, en inglés) corren libres por todos lados, donde sea que haya villanos sexy.

A continuación te dejamos algunos de los aspectos más cliché que las mujeres villanas suelen tener y, por lo tanto, que tú debes evitar a toda costa al escribir sobre ellas:

  1. Visten de forma muy ‘sexy’ o con trajes muy reveladores.
  2. Rasgos emo/góticos cliché. Por ejemplo, visten completamente de negro, su maquillaje es oscuro, la temática es de vampiros, etc.
  3. Son ‘incomprendidas’.
  4. Tienen pasados súper trágicos.
  5. Tienen pasados que involucran escenas incoherentes de asesinatos.
  6. Cualquier crimen que hayan cometido (como las escenas de asesinato mencionadas) no fueron en realidad su culpa.
  7. Sus poderes son similares a los de los vampiros o demonios.
  8. SON vampiros o demonios.
  9. Tienen nombres ridículos y oscuros o escalofriantes,  como “La Dama de la Rosa de Sangre” o “Seductores de las Pesadillas Sangrientas”
  10. Superan al héroe con facilidad.
  11. El héroe se enamora de ella.
  12. La policía local constantemente falla en capturarla porque se distraen fácilmente por lo sexy que es.
  13. Por ninguna razón aparente, actúan como si todas las otras mujeres fueran basura.

Hay mil maneras de crear un buen personaje y hacer que tu villana sea temible y genial al mismo tiempo. De momento, para ello te recomendamos evitar el uso de estos recursos.

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14 pasos para formar un hábito de escritura

Escribe todos los días en este año: 14 Pasos para Formar un Hábito de Escritura.

Si quieres ser un escritor, la cosa más importante y sencilla que puedes hacer es escribir. Y escribir, curiosamente, no es lo más difícil. La parte difícil es empezar a escribir. La mejor forma de evitar atascarte en la fase pre-inicial es escribir constantemente lo suficiente para que nunca parezca que necesites comenzar de nuevo.

Lamentablemente, mientras muchos expertos defienden el hábito de escribir diariamente, es raro que cualquiera supere el consejo de “solo hacerlo”. La sugerencia de que tú mismo te armes de voluntad y entres en acción – también conocido como “la falacia de Nike” – es tan popular en la cultura Americana que muy seguido se deja sin cuestionar. Aún así, luego de muchos estudios se ha demostrado que la voluntad no es suficiente. Si quieres desarrollar un nuevo hábito, necesitas tener las estrategias correctas.

Este artículo te guiará a través de una estrategia para desarrollar un hábito de escritura diaria en el año – y todo aquí está respaldado por el estudio empírico basado en la formación de hábitos. Aunque no daré un enlace a cada estudio que mencione, les dejaré algunos de los libros que más sirven en el tema al final de este artículo.

Continue reading 14 pasos para formar un hábito de escritura

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Lo que dicen los autores. Bloqueos de escritor. Parte 3

Silma busca apoyar a los nuevos talentos a nunca desmotivarse, a siempre luchar y buscar conseguir que sus manuscritos sean publicados, con las herramientas adecuadas, desde luego.

Pensando en esto, hemos preparado unos pequeños consejos y entrevistas de compañeros escritores, dentro y fuera de Silma, que esperamos les sirvan de apoyo para sus propios trabajos. Estén atentos a nuestra página, pues estaremos publicando estos consejos, así como temas variados, semanalmente.

Finalizando el tema del bloqueo de escritor, comentamos a nuestros entrevistados lo siguiente:


Autores como N. K. Jemisin y Sharon Shinn dicen que el escritor que apenas va iniciando su camino, ante un bloqueo, debe ser “persistente” y “arréglalo luego. Por ahora, ¡sólo escribe!”. Poniendo el ejemplo, ¿qué haces para superar a este terrible villano?

  • Carlos Calles
    La única solución, qué cliché pero ni modo, es enfrentarlo. Sentarse, leer lo escrito y corregir. Ahí es cuando entiendo eso de “escribir es un acto de valentía”. El texto es un monstruo con características similares a las nuestras, por eso es tan difícil enfrentarlo, es una lucha contra una parte de nosotros mismos. Otra posibilidad para vencer ese miedo al texto es pasarle el texto a algún amigo escritor para recibir retroalimentación desde una perspectiva fresca. Aunque, en el fondo, sigue siendo una forma de evasión, de prolongar el momento de tomar las armas y salir al campo de batalla. […] La solución es siempre empezar a escribir. Y si creo que nada sale, realizo ejercicios de escritura automática. Cierro los ojos y empiezo a escribir lo primero que me venga a la mente, sin límite y sin censura. O parto de una frase: De día soy maestro, pero de noche me convierto en un panadero. Y escribo la historia del panadero y que por las mañanas siempre estoy de nuevo en la cama. Lo que sea, lo que sirva, por más horrible o más idiota o más inútil que sea.
  • Yolanda Chapa
    Espero a que la mente se libere, haciendo otra cosa, actuando la escena que se me dificulta, escribiendo otra cosa o entreteniéndome para despejarme.
  • Aurora Carranza
    Lo que suelo hacer cuando me pasa es cerrar lo que estoy trabajando y relajarme, pensar en otras cosas, escuchar música que me distraiga un poco. Si intento buscar nuevas formas de inspirarme, sólo me bloqueo más, por lo que suelo distraerme en otro tema y el momento simplemente regresa a mí. Es como me ha funcionado hasta la fecha.
  • Lorena Martínez
    Me pongo a leer lo que llevo escrito, y salta a la vista el primer problema: el lugar está mal descrito. Se corrige. Leo de nuevo: ese poder/ataque/magia/arma/objeto no lo tenía hace dos segundos. Se corrige. Leo de nuevo: El personaje, ni muerto, haría estas cosas, es tiempo de analizar las cosas y aquí salen dos caminos: resulta que hay una motivación que no había visto para que el personaje actúe de esta manera y hay que explicarlo en su pasado o en el futuro; o bien hay que deshacernos de esto y encontrar otro camino más plausible. Estos son solo algunos incidentes que me han ocurrido. Hay miles más, pero como ven lo resuelvo repasando mi historia, a veces para mayor facilidad dibujo los escenarios o los personajes para ayudarme a visualizar lo que está pasando.

Si quieres saber sobre algún tema en específico, o te gustaría preguntarnos por algún caso en particular, puedes enviarnos un correo a fan@silmaed.com o escribirnos en nuestras redes con el hashtag #PreguntaSilma.

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Lo que dicen los autores. Bloqueos de escritor. Parte 2

Silma busca apoyar a los nuevos talentos a nunca desmotivarse, a siempre luchar y buscar conseguir que sus manuscritos sean publicados, con las herramientas adecuadas, desde luego.

Pensando en esto, hemos preparado unos pequeños consejos y entrevistas de compañeros escritores, dentro y fuera de Silma, que esperamos les sirvan de apoyo para sus propios trabajos. Estén atentos a nuestra página, pues estaremos publicando estos consejos, así como temas variados, semanalmente.

Continuando con el tema del bloqueo del escritor, a las escritoras de fantasía quisimos hacerles una pregunta un poco más personal, que fue la siguiente:


Cuando están tan bloqueadas que no pueden avanzar ni una coma, ¿cómo se sienten sus personajes?

  • Yolanda Chapa:
    Creo que dirían algo así como “Ahí va otra vez”, y resoplarían y se sentarían en una esquina para platicar de las últimas novedades del día. De vez en cuando, tomarán turnos para ver si avanzo.
     
  • Aurora Carranza:
    Creo que Sólrac se sentiría molesto por no poder continuar y dar por terminado su trabajo en ese momento. Amith seguramente me gritaría, queriendo escapar de ese vacío. Aucarod creo que en un principio se frustraría y luego le daría mil vueltas al lugar, hasta aceptar que no hay nada que los pueda sacar de ahí. Gareth entraría en pánico, definitivamente. Nébur me da la impresión de que se quedaría sentado esperando a que en algún momento todo siga su curso. Dráilem sin duda ya habría dado vueltas a toda la isla, siguiendo a Aucarod y, al verla rendirse, seguiría dando más vueltas todavía, no queriendo fallarle. Fálleng seguramente habría abierto un portal con su magia y escapado lejos de la incompetencia de la escritora. Con toda honestidad, jeje. Inos sentiría impotencia, siendo tan poderoso como es no creo que le cayera en gracia depender de que a la autora le desaparezca su bloqueo. Céfiro y Kilín se sentarían a jugar con la arena, sin duda, esperando a que todo siga su curso (creo que le harían buena compañía a Nébur). 
  • Lorena Martínez: Algunos me dejan de hablar, se desaparecen de mis sueños y de nuestras actividades cotidianas. Otros deciden que es buena oportunidad para inundarme con aventuras nuevas y diferentes de la que estamos contando. Y algunos personajes nuevos y desconocidos para mí hasta el momento deciden que es tiempo de aparecer en mi repertorio. De todo pasa. 

Si quieres saber sobre algún tema en específico, o te gustaría preguntarnos por algún caso en particular, puedes enviarnos un correo a fan@silmaed.com o escribirnos en nuestras redes con el hashtag #PreguntaSilma.